Pasuco en el metro
En el vagon de mujeres se dejan ver infinidad de hombres. Aqui no hay distincion de cuerpos. El mio empieza pegado al de un tipo barbudo y sin bañar. No hay ventilacion. Las caras brillosas y escurridas de sudor son ejemplo de calor. Siento que algo empieza a mojar mi espalda. Yo también estoy sudando. Las que vienen sentadas dormitan. Sus cabezas rebotan en cada frenon. El vagon empieza a vaciarse, aunque aun puedo sentir el cuerpo sudoroso de una señora. A pesar de todo, el metro es por ahora un transporte rapido. Eso, mientras no regularicen los microbuses de reforma. He llegado a la terminal El Rosario. Transbordo hacia Martín Carrera para bajarme en Lindavista. Un vaho de aire medio puro entra al abrirse las puertas. Todos salimos a empujones. Unos tropiezan. Unos ratoncitos caminan por las vias del metro. Se confunden con el gris de las piedras y lo negro del riel. Y todos ahora esperamos alcanzar un lugar sentados. Un señor de guaraches, mezclilla, camisa y sombrero...